¿Qué tiene que ver el personaje de Star Wars y su planeta Tatooine con el efecto invernadero y Chile? La verdad, quitándole las espadas láser, el halcón milenario y la princesa Leia: todo.

Bueno, casi todo. Lo similar es que Luke habita un planeta desolado y desértico carente de agua, donde la degradación de la tierra, su desertificación y sequía han generado una realidad tan adversa que nuestro planeta difícilmente quisiera vivenciar.

Pero aun así ¿qué tan lejano está Chile de parecerse a Tatooine? No mucho. De hecho 1,7 (Nota Informativa ENCCRV Estrategia nacional de cambio climático y recursos vegetacionales). millones de chilenos viven bajo las mismas condiciones de Luke, esto es, afectados directamente en algún grado por la degradación de la tierra, la desertificación y la sequía. Estas tres condiciones abarcan casi el 64% (Nota Informativa ENCCRV Estrategia nacional de cambio climático y recursos vegetacionales) de la superficie chilena, lo que representa más de 48.000.000 de hectáreas de nuestro territorio.

Una cifra no menor si se analiza detenidamente, y si bien esto ya es importante por el efecto que causa en lo social, a nivel ambiental ocurre un fenómeno de mayor consecuencia por la relación que se da entre la desertificación y el cambio climático. Es decir, la posibilidad cierta de convertir nuevas áreas en zonas improductivas y degradadas, esto porque las tierras áridas, semiáridas y subhúmedas secas son extremadamente vulnerables a la sobreexplotación y al uso inapropiado de la tierra. Dicho en pocas palabras, estas nuevas tierras degradadas quedan expuestas a que con el tiempo sus componentes una vez secos se vayan a la atmósfera. Se calcula que en el mundo cada año las tierras secas liberan 300 millones de toneladas de carbono a la atmósfera, lo que supone un 4% de las emisiones mundiales si juntamos todas las fuentes. He ahí su importancia.

A nuestro favor existe una gran diferencia con Tatooine, en ese planeta los habitantes eran seres individualistas, indiferentes y sin capacidades para implementar acciones a largo plazo para cambiar su realidad. En Chile esto es distinto, se están realizando acciones tendientes a mitigar los efectos a mediano y largo plazo. Esto a través del Programa de Acción Nacional contra la Desertificación (PANCD) y su proceso de alineación con La Estrategia Decenal (2008-2018) el cual plantea que para el año 2018 (corto plazo) el país habrá avanzado en la implementación de estrategias, acciones y mecanismos para la prevención, corrección, restauración, recuperación y/o detención de los procesos de degradación de tierras, desertificación y mitigación de la sequía, especialmente en las zonas secas. Esto de manera articulada con las instancias internacionales, nacionales, regionales y locales, teniendo en cuenta un enfoque de equidad de género, pluralidad y multiculturalidad étnica, y diversidad biológica y de ecosistemas. Lo anterior debe garantizar que al año 2020 (mediano plazo) se tenga plenos avances en la consecución de la degradación neutral de la tierra y que al año 2030 (largo plazo) se alcance la gestión integrada y sostenible de la tierra, el agua, los recursos vivos y ecosistemas, considerando los factores ecológicos, socioeconómicos y culturales del país, en plena concordancia con los Objetivos del Desarrollo Sostenible.

Finalmente, si para bien o para mal tendremos que convivir con esa realidad, podemos mitigar en algo sus efectos, tomar conciencia de ello y rogar con convicción: que la fuerza nos acompañe.


  • Emanuelli P., Duarte E., Milla F., Sartori A. 2015. Nota Informativa 02: Alineación del Programa de Acción Nacional Contra la Desertificación (PANCD) de Chile con la Estrategia Decenal de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha Contra la Desertificación (CNULD) y su vinculación con la Estrategia Nacional de Cambio Climático y Recursos Vegetacionales (ENCCRV).
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